Con vergüenza… ¡si, gracias!
La vergüenza debe ser superada, dominada, vencida, erradicada; éste era el posicionamiento casi unánime de los participantes en un taller sobre vergüenza en el abuso y el maltrato que impartimos recientemente.
La vergüenza debe ser superada, dominada, vencida, erradicada; éste era el posicionamiento casi unánime de los participantes en un taller sobre vergüenza en el abuso y el maltrato que impartimos recientemente.
Las consecuencias psicológicas de la guerra son persistentes en el tiempo; pese a la aparente obviedad de esta formulación debemos darnos cuenta de cómo en la realidad se tiende a actuar como si esto no fuera así.
Pese a que la reconciliación, tras un proceso de victimización social, es planteada como un valor en sí misma es necesario tomar en consideración los daños que puede producir.
Tras vivir un trauma por la agresión, el abuso o el maltrato de otro ser humano, la decepción, por las actitudes de las personas que nos rodean, es un elemento que añade dolor, desesperanza y desmoralización.
Las víctimas deben desear justicia y reconocimiento, por parte de los victimarios y de los que han apoyado o tolerado la agresión, pero deben prepararse, de forma personal e interna, para poder continuar adelante sin esa justicia y ese reconocimiento.