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El trauma crea un cambio que no elegimos. La curación crea cambios que sí elegimos

 

Michelle Rosenthal

Promover la desvictimización. Este debe ser el objetivo nuclear de las intervenciones con víctimas: promover un proceso de reparación, externa e interna, que le permita pasar a ser alguien que ha recibido un daño, que ha tenido repercusiones sobre su vida, pero que no le otorga una identidad absoluta. Para fortalecer esa dirección, hay una serie de recomendaciones que favorecen esa senda. A saber:

Potenciar los actos restaurativos por parte de la sociedad.

psicopatología apoyo

El contenido simbólico que los actos sociales reparadores tienen es especialmente relevante para las víctimas, ya que representan una quiebra del desvalimiento y un reforzamiento frente a los agresores.

Evitar la continua repetición mental del trauma. Esta continua repetición supone una de las bases de las alteraciones psicopatológicas de las víctimas. Se produce, sin modificaciones, una reiteración que mantiene encapsuladas e inmodificables las vivencias asociadas al acontecimiento traumático.

Hacer pensable, con el mayor número de posibilidades, el trauma vivido. Poder pensar, poder establecer nuevas asociaciones, introducir matices y dudas conduce a nuevas visiones que aportarán vías de abordaje de las vivencias traumáticas.

Ayudar a encontrar palabras para expresar la complejidad de los matices sentidos. La posibilidad de nombrar lo sentido da una vía para su dominio, posibilitando la comprensión de lo sucedido y de sus consecuencias. Así mismo, hace viable la influencia positiva que otras personas pueden tener en la reparación personal.

Proporcionar vías de desarrollo de las que carecen o no hacen uso.  Con gran acierto, se ha descrito la patología postraumática como «estar congelado”. En esta situación será importante, tanto la tarea de crear recursos que eran inexistentes para el sujeto, como la de ayudar a consolidar y emplear los ya existentes.

Alentar las iniciativas tendentes a salir de la repetición continua. Todas las iniciativas que rompan la inmóvil reiteración de lo traumático deben ser estimuladas. La introducción de nuevos puntos de reflexión proporcionará nuevas posibilidades de elaboración de todo lo sucedido y vivido.

Legitimar sus sentimientos, deseos y opiniones. La vivencia de un acontecimiento extremo conlleva un desbordamiento interior que hace aflorar una amplia gama de sentimientos, deseos y opiniones que no habían sido vividos hasta ese momento. En muchas ocasiones se establece una lucha frente a ellos al no considerarlos apropiados. Únicamente, considerándolos legítimos, podrán abordarse las consecuencias que tienen.

Romper la fusión con las vivencias disruptivas. Estas vivencias invaden de forma absoluta y permanecen rígidamente ancladas en el psiquismo de la víctima; únicamente podremos facilitar un cambio deshaciendo esta fusión.

Impulsar la autonomía personal e incrementar la capacidad de afrontamiento de las dificultades cotidianas. La sensación de minusvalía e incapacidad lleva a un retraimiento que es fomentado por diversas actitudes del entorno. Uno de nuestros objetivos es alentar una progresiva independencia y sensación de autonomía.

Dotar de flexibilidad perceptiva. El estrechamiento y la rigidez en las percepciones son algunas de las manifestaciones postraumáticas que originan una falta de flexibilidad y, por tanto, una gran limitación para introducir cualquier cambio.

Fomentar la creatividad. La expresión, tanto directa como simbólica, de la vivencia traumática es esencial en el proceso de afrontamiento de ésta. Para ello el fomento de la creatividad puede ser una ayuda valiosa.

Propiciar el humor. Es muy frecuente observar cómo las víctimas no tienen la capacidad de expresar el humor. Propiciarlo supone poder tomar una distancia que llevará aparejadas nuevas perspectivas. Sirve como reductor de tensión y atenúa las respuestas extremas al ser una vía de expresión de impulsos difícilmente manejables.

Generar la capacidad de otorgar sentido a lo ocurrido. No se puede resolver un «sin sentido», por lo que, poder construir una significación personal de lo ocurrido abre un camino hacia una posibilidad de futuro.

Facilitar el proceso de confianza en sí mismo y recuperar la sensación de control sobre la propia vida. Muchos traumas llevan aparejada una pérdida de seguridad en las propias capacidades. Es necesario desarrollar todos aquellos aspectos personales, por mínimos que sean, que puedan contribuir a generar confianza. La sensación de dominio y de manejar la propia existencia es profundamente socavada por el trauma. Los pasos en su recuperación generan confianza que, a su vez, retroalimenta la sensación de control.

Restituir la confianza en los demás y aumentar las redes sociales de apoyo. En muchas víctimas se instaura una desconfianza generalizada a todos los seres humanos. Se quiebra así la posibilidad de la reparación del daño que, siendo un proceso personal, siempre se sustentará en otros. El incremento de las redes sociales de apoyo producirá actuaciones restaurativas e incrementará la confianza en los otros.

Suscitar un proyecto de vida activo y mejorar las habilidades relacionales. La pasividad, el enclaustramiento y la inmovilidad provocan una retracción que fomenta el aislamiento y entorpece las interacciones sociales. Resulta necesario fomentar, sobre una base de seguridad, una actitud vital dinámica, en la que se potencie el contacto interpersonal.

Colaborar en la búsqueda de sentido para la propia existencia y en la creación de una identidad personal en la que se pueda integrar el trauma. La escisión de las vivencias traumáticas genera una fragmentación en la estructura de personalidad de la víctima; la recuperación de una identidad unificada hará posible la salida de esa experiencia de adversidad, incluso, con un fortalecimiento personal.

Autor: Antonio Sánchez González

Psiquiatra- Psicoterapeuta – Perito Judicial
Especializado en el trabajo con personas afectadas por acontecimientos traumáticos