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Instituto de Investigación en Psiquiatría y Psicoterapia

A mí me gustan las personas que dicen lo que piensan. Pero, por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen.


Quino, Mafalda     

Ante situaciones de gran complejidad, bien sea fáctica o simbólica, existe la tendencia a la búsqueda de una salida rápida que se centra en: ¿qué hacer?. He visto cientos de personas que, tanto en consulta como fuera de ella, buscan la salida en realizar algo e incluso expresan la queja de que no se les diga lo que tienen que hacer. La búsqueda de cómo proceder debe venir de una posición inicial, de un punto de partida menos complejo, aunque tampoco sencillo: qué es lo que no tengo que hacer. Desde aquí se nos abren dos caminos claramente diferentes: uno es la búsqueda de certezas, en la que se persiguen, a menudo con avidez,  formas de llenar rápidamente los vacios; y el otro consiste en la búsqueda de buenos y constantes cuestionamientos; el cuestionamiento surge necesariamente del parar, de detenerse.

psicoterapia trauma

Muchos de los movimientos que llevamos a cabo, y esa búsqueda de actividad constante que nos invade por todos lados, no es más que un disfraz, un artificio para evitar contactar con las problemáticas personales realmente relevantes. Estas evitaciones consiguen su superficial eficacia al ser disfrazadas de actos, considerados incluso como muy relevantes 

El inicio del camino está muy cerca; un gesto de la conciencia que ilustra, con magnífica simplicidad, una metáfora formulada por Stephen Hawking, en la que se pregunta por donde se va al sur estando en el Polo Sur. El preludio del cambio es parar y revolverse internamente para decir «esto no va a continuar así». Desde esta posición, se puede transitar un camino vital en el que la directriz esencial es no generar más artificios encubridores, o lo que es lo mismo: no falsear las cuestiones importantes y luchar, de forma consciente y constante, por no engañarse. Se trata, en suma, de pararse para acceder al dolor, a la tristeza, al sufrimiento y, desde ahí, no rodearlo, sino atravesarlo e integrarlo.  

Así mismo, es importante no confundir la falta de actuación con una actitud expectante ante la posibilidad de iniciar la acción. En ese sentido, resulta esencial señalar que el primer movimiento en la senda del «no hacer» es no mantener vínculos con los agresores y con sus colaboradores activos, un cambio en la conducta que también requiere poner distancia con los encubridores y con los que luchan por silenciar el daño. Este lugar nos ubica en la búsqueda de relaciones basadas en la reciprocidad, y en la ausencia de falsedad, que permitirán cimentar una búsqueda permanente de la propia autenticidad.

Autor: Antonio Sánchez González

Psiquiatra- Psicoterapeuta – Perito Judicial Especializado en el trabajo con personas afectadas por acontecimientos traumáticos

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